domingo, 10 de julio de 2011

De eso se trataba, de Reliquias, no de Horrocruxes

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte   
J.K. Rowling
Harry, Dumbledore, Ron, Hermione, Crabbe, Voldemort, Neville, Potter.
   No, no estoy loco y no escribí nombres al azar de esta gran historia. Cuando hayan terminado de leer este libro comprobarán que todo tiene un porqué, incluso el orden en el que están enumerados.
   El último libro de la saga mágica de Harry Potter rompe con la dinámica de sus antecesores (vacaciones de verano para regresar a Hogwarts donde ocurre toda la acción). Es vertiginoso, desbocado, precipitado, para nada estático. La trama va de aquí para allá sin detenerse y desarrollándose en torno de la búsqueda de los Horrocruxes restantes para vencer al Señor Tenebroso y el misterio que envuelve una fábula infantil y la mención de tres reliquias de la muerte; explota al mundo mágico presentado en los libros anteriores para hacer de este libro un disfrute al 100%.
   Es increíble que nuestra querida escritora haya introducido nuevos personajes y nuevos objetos mágicos llegados a este punto pues uno creería que saldrían sobrando, pero no son prescindibles, al contrario, gracias a éstos, lo que comenzó hace 7 años en La piedra filosofal, puede concluir sin dejar cabos sueltos en Las Reliquias de la Muerte.
   De personajes nuevos tenemos al resto de la familia Dumbledore (aunque la mayoría ya esté muerta, incluido el mejor director de Hogwarts) que nos permite conocer el pasado del personaje más respetado e idolatrado de toda la saga, sólo para darnos cuenta de que él no es una clase de santo como muchos de los lectores lo visualizaban, sino que es un ser humano como todos nosotros, con sentimientos, pensamientos, ambiciones, e incluso errores que lo llevan a cometer desastrosas acciones para con su persona. Por el otro lado, el pasado narrado en este libro del personaje, posiblemente el más odiado y despreciado de la orbe mágica, explora, al contrario que con Albus Dumbledore, su faceta más humana, lo que hace comprenderlo, sentir compasión por él, e inclusive quererlo después de haberlo despreciado en los primeros seis libros. Otro personaje que muchos hubieran querido conocerlo desde antes, así como a su hija que aparece en La Orden del Fénix, es el excéntrico y bohemio padre de Luna: Xenophilius Lovegood.
   De nuevo el comienzo se olvida de Harry, y ahora ni más ni menos tenemos como personaje principal a su antagonista, quien cavila un codicioso plan para dominar al mundo mágico aprovechando que el  único mago al que temía ahora yace en la tumba descansando con un enorme poder entrelazado entre sus manos; pero no porque esté muerto quiere decir que la esperanza ha abandonado a los que apoyan al Niño que Vivió: la Segunda Guerra Mágica, que comenzó con el regreso de El-que-no-debe-ser-nombrado en El cáliz de fuego, llegará a su fin cumpliéndose lo que dicta la profecía de La Orden del Fénix, ni más ni menos que en los terrenos de Hogwarts.
   El séptimo libro es superior a sus predecesores por el simple hecho de fundir a todos en una última entrega. Transforma a la saga en un círculo perfecto al comprobar que desde un principio la escritora tenía todo planeado en lo referente a la trama principal, así como objetos y personajes conocidos desde el primer libro y así sucesivamente:
La piedra filosofal. La casi imperceptible y resumida  biografía de Dumbledore que Harry lee mientras va en el expreso de Hogwarts. El duelo que menciona el cromo de la rana de chocolate entre Dumbledore y un mago llamado Grindelwald será parte sustancial de Las Reliquias de la Muerte. Aparecerá la primera snitch que Harry atrapó en su primer partido de quidditch encerrando un fabuloso pero melancólico secreto. En el séptimo libro no hay cabida para un juego de quidditch, aunque sí para la reaparición de los ex-miembros del equipo (Oliver Wood, Angelina Johnson, Alicia Spinnet, Katie Bell), pero no por eso las escobas dejan de existir, y mucho menos mientras el trío explora por última vez la Sala de los Menesteres. El sexo erróneo que se tenía de Norberta, aunque para los fans siempre será Norberto…ya nos habíamos acostumbrado a que fuera macho. La explicación de por qué Dumbledore tenía la capa invisible, que era propiedad de Harry. El desiluminador, propiedad de Dumbledore, en manos de un pelirrojo temeroso, pero fiel. Se ahonda en el arte de las varitas, y para ello Ollivander jugará un papel crucial en la trama. Se confirma el rumor que Hagrid le comparte a Harry mientras recorren el callejón Diagon de que en Gringotts se dice que hay dragones custodiando las cámaras de alta seguridad, y también se comprueba que Gringotts es el lugar más seguro en el mundo para lo que uno quiera guardar, excepto tal vez Hogwarts. ¡Y sale el tramposo de Griphook, el duende que guió a Harry la primera vez que visitó Gringotts! Por último, se intuye lo que Dumbledore visualizaba cada vez que miraba el espejo de Oesed, y al parecer no tenía ni la más remota semejanza con calcetines de lana.
La cámara secreta. Basta con que reaparezca  la Cámara Secreta en el último libro, ¿no?, así como todo lo que implica: el primer Horrocrux que vendría a ser el diario de Tom Riddle, los colmillos del basilisco ahora putrefacto, pociones multijugos al por mayor, elfos domésticos arriesgando sus vidas, la espada de Gryffindor, la lengua pársel y acromántulas ávidas de carne humana. Como dato curioso, la fugaz aparición del Club de Cazadores sin Cabeza al comenzar la batalla de Hogwarts.
El prisionero de Azkaban. Retomando las fugaces intervenciones, tenemos la de Sir Cadogan y sus típicos insultos medievales, ahora dirigidos a los mortífagos y a sus aliados (¡Bellacos!¡Sinvergüenzas! y demás) cuando penetran las entradas del Colegio de Magia y Hechicería; y la del infortunado Stan Shunpike bajo la maldición imperius. Volverán a estar reunidos los 4 merodeadores, sólo que no precisamente en esta vida. El empleo del mapa del Merodeador y la capa invisible para ir a hurtadillas por los pasillos del colegio a mitad de la noche, sólo que ahora no con la compañía de Ron o Hermione, sino con Luna, y ahora esta incursión será mucho más crucial que las anteriores. Los dementores, ya no sólo guardianes de Azkaban, sino también del Ministerio de Magia, y los patronus formarán parte de la batalla. El trío utilizará por segunda vez, después de casi cuatro años, el pasadizo custodiado por el sauce boxeador para ser testigos en la Casa de los Gritos de la ferocidad mortal de un Horrocrux.
El cáliz de fuego. Regresan las fechorías de Rita Skeeter involucrando en varios chismes a Dumbledore, sólo que…¿seguirá sólo publicando chismes? Para no olvidarnos de la existencia de los celos, tenemos la ruda presencia, aunque más bien ahora sería resignada y efímera, de Viktor Krum en la boda de Fleur Delacour con Bill Weasley. La amenaza e imponente peligro que puede provocar un dragón. La importancia de la sangre de Harry que usó Quien-ustedes-saben para revivir y el misterioso Priori Incantatem.
La Orden del Fénix. Grimmauld Place, junto con las atenciones domésticas de Kreacher, será casa temporal del trío mientras idean un plan para infiltrarse de nueva cuenta al Ministerio de Magia, ahora manipulado por el Señor Tenebroso. En esta ocasión, la mira no está en el Departamento de Misterios, sino en una persona repugnante, regordeta e inconcebiblemente con cara de sapo. Se recuerda en un parpadeo la primera relación de noviazgo de Harry con la exasperante Cho Chang. Grawp y los gigantes intervendrán en la destrucción del castillo. El espejo que Sirius Black le regaló a su ahijado por fin tendrá un uso adecuado aunque catastrófico para un ser vivo…
El príncipe mestizo. Enumerar lo que se introdujo en este libro y que apareció en su posterior sería redundante y sin sentido, pues prácticamente acabaría resumiendo este libro por segunda vez, porque como dije en mi entrada anterior, el sexto libro es una GRAN introducción del final, así que me limitaré a mencionar cuando Harry, sin querer, toca uno de los Horrocruxes mientras está en la Sala de los Objetos Ocultos (Sala de los Menesteres) precisamente guardando el libro de pociones del Príncipe.
   Por último, Las Reliquias de la Muerte nos obligará a seguir leyendo y leyendo capítulo tras capítulo hasta llegar al tan ansiado desenlace que, sorprendentemente, nos remitirá a pequeños detalles del primer libro en sus últimas páginas. Antes de llegar a él, será inevitable llorar por todas las muertes que se suscitarán en ambos bandos de la batalla; el nerviosismo de que no atrapen a Harry, Ron y Hermione se hará latente en la mayoría de las páginas, así como la preocupación por las vidas del resto de sus amigos y familiares; por supuesto, el amor y las risas no pasarán desapercibidos; no predominan en este libro para nada, sin embargo cuando surgen es acertado.
   Escribí esta última entrada pottérica con nostalgia. Todo en la vida tiene un final, y Harry Potter no es la excepción. Sin embargo, siempre que recuerde sus páginas con sus diversos personajes y la historia que logró trascender a más de una generación por todo lo que incluye (amor, amistad, poder, arrepentimiento, confianza, perdón, traición, esperanza, superación, alegría, tristeza…si sigo escribiré la lista más larga de sustantivos que pueda existir) tengo la certeza de que sonreiré donde quiera que esté. Podrá haber terminado la historia, pero al menos una generación siempre la recordará con mucho cariño y cada quien por diversos motivos (en mi caso, gracias a la imaginación sin límites de J.K. yo no estaría descubriendo las imaginaciones de otros excelentes escritores, ni atreviéndome a plasmar la mía en papel).
¡Nos vemos en el estreno de la última película de Harry Potter!
Calificación: 10
Advertencia: Intenten leerlo con calma; sé que será difícil, pero tengan en mente que cuando cierren este libro, no más vivencias nuevas de Harry Potter.
Nuevamente, palabras del personaje más sabio de la saga, Albus Dumbledore:
-No te den lástima los muertos, Harry, sino más bien los vivos, y sobre todo los que viven sin amor.
“…El verdadero señor de la muerte no pretende huir de ella, sino que acepta que debe morir y entiende que en la vida hay cosas mucho peores que morir”.

Un final digno de la magia. Una magia que perdurará como cicatriz en nuestros corazones1.
 ¡Gracias, J.K. Rowling!

1Le cambié un poco a la frase que hicimos varios fans el pasado 26 de junio en el Auditorio Nacional.